DICCIONARIO DE TEOPATOLOGÍA CRISTOLÓGICA

PRÓLOGO

El diccionario tiene como finalidad no tanto el ofrecer una recopilación breve de hechos históricos y síntesis biográficas, cuanto el presentar una sucesión de ideas a considerar, estudiar y completar por los lectores a partir de dicha relación.

Se trata, sobre todo, de hechos ocultados, de reflexiones prohibidas y de personas ignoradas o denigradas en los trabajos y libros ofrecidos por “historiadores” afines al judeocatolicismo y sus sectas, sobre todo la teopapista.

Considero que, en Francia, en la actualidad, el peso de las instituciones teopatológicas de origen mosaico (judaísmo,judeocatolicismo y judeoislam), a pesar de la Revolución, de su racionalismo y de su laicismo oficial, sigue gravitando en el subsconsciente de la población, y condicionando su vida, fenómeno que parece ignorado por gran número de ciudadanos.

Es posible que la obra constituya un revulsivo para algunas lectoras y algunos lectores, adormecidos con las ideas que les inculcaron desde la infancia, y que no tienen ya la capacidad mental para ponerlas en duda, porque su abulia, inercia, teoconformismo y, en ocasiones, su teofanatismo se lo impiden. Es probable que, en algunos puntos, la razón esté de su parte. Pero en la medida en que los datos ofrecidos por la historia son tan contradictorios, y los propósitos de quienes los ofrecen rara vez se rigen por la imparcialidad, la duda no puede descartarse nunca, y justifica la disparidad de opiniones.

Esta disparidad impone la necesidad de la investigación, actividad imprescindible para mantener una opinión razonable y razonada. De la duda ha nacido este trabajo. Y, a pesar de los posibles errores que pudieran haberse deslizado por mi propia incapacidad, jamás voluntarios y conscientes, y a pesar de los errores que pudieran tener su fundamento en las fuentes consultadas, no descarto la posibilidad de que ciertas personas, acuciadas también por la duda, agradezcan su publicación y encuentren en él un elemento de inspiración y motivo de estudio y un campo de investigación.

Quizás no falten, tampoco, quienes comulguen con las ideas expuestas, aprueben su contenido y el lenguaje empleado, y consideren que era una tarea que les hubiera gustado emprender. En todo caso, quienes se acerquen a este libro, deben saber que la obra es un trabajo colectivo que no hubiera sido posible llevar a buen término de no haber sido por la colaboración, a lo largo de los siglos, de infinidad de personas, anónimas en ocasiones, que dejaron un testimonio de sus dudas e inconformismo y aportaron su grano de arena en la construcción de un mundo mejor y un hombre más armónico, libre de las imposiciones teopatológicas que tanto han enturbiado y siguen enturbiando el devenir humano.

No es mi intención ofender a nadie. Y jamás he negado la existencia, dentro del judeocatolicismo, de personas honradas, sinceras, buenas y humanitarias, pero dudo que éstas se encuentren entre sus jerarquías, y dudo mucho más que se encuentren en la corte del Imperio Vaticano y entre mitras, capelos y tiaras. En cualquier caso, si el lenguaje es duro en ocasiones, no es contra una mujer determinada o un hombre concreto, sino contra los papeles que se han atribuido y, sobre todo, se empeñan en encarnar, a pesar de los torrentes de lágrimas, sangre y muertes que provocaron y siguen provocando con su teopsicosis y teocredulidad. Papeles de teoparásitos, teovampiros y teocriminales por dios (Yahvé), de teofantoches y teogañanes por designación divina (yahvídica).

Individuos que, al encarnar dichos papeles, pretenden ignorar y ocultar que son los artífices y creadores de una realidad virtual, grosera, absurda y aberrante, que ha sumergido al hombre, durante siglos y milenios, en psicosis y teopsicosis pandémicas humillantes, destructoras y mortíferas.

El libro pudiera considerarse un alegato contra todo tipo de ídolos o dioses del

panteón mundial, contra los hombres que los han creado y, sobre todo, contra quienes explotan a la humanidad en su nombre. Si gira en torno a la pandemia judeocatólica y las sectas que la componen, principalmente la teopapista, es simplemente porque tales derivaciones del sectarismo judío son, como sus raíces, genéticamente mórbidas y criminales, y, a la vez, imperialistas, destructivas y próximas.

Forman parte de las terribles teopatologías compulsivas que infectan al hombre desde sus primeros balbuceos históricos en el entorno mediterráneo, con el agravante de que sus miembros directivos (obispos, cardenales y papas, hechiceros de nuevo cuño) consideran una obligación ineludible ejercer, en nombre de sus ídolos yahvídicos, iesucristológicos, paraclitales, mariológicos y aun santorales, un imperialismo religioso vehemente y criminal, que tantas ilusiones y esperanzas ha frustrado, que tantas calamidades y miserias ha producido, y que tantos odios ha sembrado. Imperialismo que ha destrozado culturas y aniquilado pueblos enteros, que ha destruido obras de arte y monumentos a su paso, que ha quemado y abortado obras literarias, científi cas, humanísticas y fi losóficas por doquier, y que ha organizado tantas guerras y derramado tanta sangre para implantarse como guía única y tiránica de la humanidad.

Laura Korolenko.

Lugano, 2014.

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