El Plazo, inspirado en la vida de Luis Orobón

El Plazo, inspirado en la vida de Luis Orobón.

Hoy publicamos un relato de Felipe Orobón titulado “El Plazo”, inspirado en la vida de Luis Orobón, militante de CNT y hermano de los destacados anarquistas Valeriano y Pedro Orobón.

Agradecemos a Felipe Orobón el regalo que nos hace, y estamos seguros de que a todos os gustará y os interesará, como ha hecho con nosotros

Luis Orobón Fernández

El plazo

Es una historia como hay tantas; quizás un poco más alargada que otras. Comienza en un presidio de cualquier país, después de un golpe de estado y de una guerra civil. En el penal se hacinan miles de perdedores, en su mayoría condenados a muerte por los ganadores.

A pesar de sus condenas pendientes de ejecución, los reclusos comen, comentan la actualidad, hacen chistes, estudian en los pocos libros que consiguen, traban amistades y enemistades, miran largamente a las mujeres de la cárcel femenina al otro lado de la calle cuando se asoman a las ventanas, sombras de un deseo desdibujadas por los barrotes. Los presos son de todo tipo, jóvenes y mayores, de familia acomodada o pobres. Los defensores del viejo régimen civil derrocado en el país fueron gentes de todas las clases sociales y de diversos ideales, y todos ellos sufrieron una derrota irremediable ante una revuelta militar que no tuvo problemas ideológicos para volver las armas contra la propia nación que las pagó.

A los tres años de darse por cerrada la contienda, con el triunfo inevitable de los uniformados, aún seguían ejecutándose aquellas condenas, si bien a un ritmo cada vez más lento. Si en la primera época, durante la guerra, era frecuente ver partir cada mes a treinta o cuarenta presos en dirección al paredón de fusilamiento, ahora las sacas se esparcían irregularmente a lo largo del año. Fuera por odios personales, por los meandros burocráticos, los atajos de la muerte o algún otro factor misterioso cuyo significado escapaba a la lógica de los condenados, de vez en cuando los guardianes ordenaban a cinco o seis internos que salieran „para un traslado“. Por el tono los reclusos advertían en seguida que aquel traslado significaba un cambio de mundo.

Aquel año, un atentado realizado por los escasos guerrilleros aún activos en el país costó la vida a un preboste militar; la represalia no se hizo esperar. Esta vez, para dar ejemplo, los guardas formaron en el patio a los presos y leyeron en voz alta los nombres de veinte. Era un treinta de abril.

Dos de los presos, Marín y Alberto, llevaban el mismo apellido a pesar de no estar emparentados. Ambos habían intentado en su ciudad de provincias enfrentarse en vano al ejército insurgente. Marín, con poco más que su idealismo de los veinte años, apostado detrás de una endeble barricada. Alberto, con la experiencia de sus sesenta años y una escopeta de caza que tampoco le sirvió para gran cosa. Luego de unas pocas descargas de fusilería, la barricada cayó en manos de los soldados, ambos vecinos fueron llevados a presidio, juzgados ante un tribunal militar y condenados sumariamente a la pena máxima. Desde entonces habían pasado seis años en el penal, a la espera de una ejecución o de un indulto que nunca llegaban. Tener en común aquel destino entre paréntesis les hizo amistarse como hermanos inseparables.

La mañana de la represalia, el oficial de turno fue leyendo los nombres de los formados. Cuando pronunció el de Marín éste sintió nublársele los ojos. Fue a salir de la fila cuando sintió vivamente una mano en el hombro y una voz templada que lo retuvo: „muchacho, ni te muevas, te regalo cincuenta años, éstos ni se dan cuenta“. Era la voz de Alberto, que abandonó la fila en su lugar y se incorporó al grupo de la ejecución. Los oficiales, manejando una lista mortal emborronada, no se percataron del cambio. Media hora después, una descarga contra el muro exterior del penal segó las veinte vidas.

Así comenzaron para Marín los cincuenta años de vida regalados por alguien que quiso morir en su lugar. Jamás olvidó esa fecha ni las generosas palabras del amigo. A los dos inviernos de aquel fusilamiento subrogado, un indulto de Navidad le hizo salir a la dudosa libertad de un país plenamente a merced de sus oligarcas y sus militares. Y, a pesar de todo el tiempo transcurrido, el régimen de vigilancia policial instituido después de la guerra también procuró que no olvidase el pasado: Marín era detenido regularmente en su domicilio cada treinta de abril, junto con otros antiguos „desafectos“. Alguna tenebrosa autoridad quería asegurarse sin duda de que aquel excarcelado no contribuyese a celebrar el 1 de mayo. La policía política tocaba así año tras año a la puerta de Marín, todas las tardes de un treinta de abril, lo arrestaba, lo conducía a comisaría y lo volvía a poner en libertad el dos de mayo por la madrugada, cuando consideraba pasado el peligro de asambleas y desfiles obreros subversivos.

Los años pasaron y fueron contundentes para todos. Cuarenta hicieron falta hasta que murieron -de vejez y en su cama- los militares que habían diezmado el país. La dictadura se suavizó. La policía incluso dejó de llevarse los treinta de abril a Marín detenido, para alivio de su familia. Su mujer y sus hijos habían asistido durante años impotentes a la extraña ceremonia del final de abril, el lúgubre sonido del timbre y la siniestra presencia de unos policías de paisano, siempre de negro y con lentes oscuras, que se llevaban a aquel padre de familia de pasado sospechoso. Ahora podían quizás comenzar a olvidarlo, pero un aire tenso de inquietud y ansiedad, como un aviso fatal, rondaba la casa en aquella fecha estremeciendo la piel de todos.

Sin más detenciones políticas, con nuevo gobierno, manifestaciones permitidas el primero de mayo y la memoria soterrada de los viejos horrores, vivió el país la nueva época. En casa de Marín, solo la mirada melancólica de un padre próximo a cumplir los setenta recordaba de vez en cuando a los familiares el viejo rito del arresto anual. Pero un treinta de abril por la tarde -Marín leía en su dormitorio- volvió a sonar el timbre inesperadamente. La hija mayor se levantó del salón para abrir la puerta y llegó al tiempo que la madre desde la cocina. En el rellano no había nadie, solo una corriente extrañamente fría recorría el patio de escaleras desde la entrada del portal. La hija se asomó al pasamanos, lanzó una mirada a los escalones vacíos que descendían desde su tercera planta hasta la calle y se volvió para decir a su madre „algún bromista“. Entonces oyeron claramente la voz de Marín desde el dormitorio:

- Claro, son cincuenta exactos. Ahora mismo, Alberto.

Cuando entraron en el cuarto, Marín yacía vestido sobre la cama, con esa inmovilidad absoluta que únicamente tienen los cuerpos de los muertos. Los ojos, muy abiertos, no tenían expresión de espanto, sino de agradecimiento

http://www.represionfranquistavalladolid.org/?-Grupo-Verdad-y-Justicia,9-

CAZAFORTINES: AL ENEMIGO SE LE OÍA COMER, PERO NO INVITABA.

El ruido de los cubiertos, de los platos chocando, de las conversaciones, de las voces, de los cánticos… todo llegaba junto al olor de la comida. Cómo también llegaban sus proyectiles en el curso de los combates y el viento traía sus insultos provocadores en el fragor de la batalla.

Los soldados del Tercio eran ruidosos y pendencieros. Estos veteranos de pasadas guerras rifeñas eran los nuevos conquistadores del Espolón de Vaciamadrid, un pronunciado saliente montañoso que se alza cercano a la confluencia del río Jarama con su afluente el Manzanares. Duros enfrentamientos sostuvieron con las fuerzas gubernamentales en su avance desde la Marañosa, expulsándolas hasta el pico Coberteras, para terminar su avance en la estratégica cota desde la que se dominaba la carretera de Madrid a Valencia, vía que se mantendría en manos republicanas durante toda la guerra.

Tomaron la posición en los primeros días de enero de 1937, en el comienzo de la Batalla del Jarama, guarneciendo esta atalaya rocosa ante previsibles contraataques. Los curtidos legionarios llegaron para quedarse y se aprestaron para la defensa.

A este convite volvieron de nuevo las tropas republicanas para hacerles frente, encarándolos, alertas en sus posiciones defensivas construidas apenas unas decenas de metros de las trincheras enemigas. 

También habían llegado para quedarse. Y les costó llegar. El ascenso hasta el Espolón, después de atravesar el río Manzanares por el puente cercano a la finca de Casa Eulogio, les costó muchas bajas, heridos y vidas.

Después de la batalla, las posiciones de ambos bandos se mantuvieron en lo alto de los cantiles, separadas en muchas ocasiones por pocos metros unas de otras. Las trincheras de primera hora, excavadas con prisa por nerviosos soldados republicanos, dieron paso a otras más elaboradas edificadas tras finalizar la batalla. En las alturas del crestón que domina la carretera de Valencia, estas construcciones alojaron tropas que resistieron al borde de los barrancos -dando la espalda a los cortados- hasta el final de la guerra.

En el primero de los vídeos que a continuación os presentamos, nos acercamos al ESPOLÓN DE VACIAMADRID en busca de una línea de trincheras escondida en una ladera de tupida vegetación. Se encuentra cercana al borde de los cortados yesíferos, dominando desde las alturas los meandros que forma el río Manzanares en este singular paraje del sureste de Madrid. 

ESPOLÓN de VACIAMADRID 04 

CANTILES Y TRINCHERAS

http://youtu.be/wC5wuxYwz0I

Enfrente de estas posiciones, en cota más elevada, la ruta nos dirige a una red de trincheras franquistas, que acompañan al camino por el que transitamos y que finalmente lo cruza bajo tierra mediante un túnel ahora cegado.

ESPOLÓN de VACIAMADRID 05 

POSICIÓN FRANQUISTA

http://youtu.be/TsKNN19SQ1U

Proseguimos bajando hacia el valle, encontrando en la base de los farallones las abandonadas cuevas que sirvieron a los soldados de la república de albergue y refugio, a cubierto de balas y metralla, durante la guerra.

ESPOLÓN de VACIAMADRID 06 

CUEVAS EN LOS CANTILEShttps://www.youtube.com/user/cazafortines

http://youtu.be/5VgTh3nRfg0

Imagen

SALUD y trincheras

 

CAZAFORTINES – MODESTO NO FUE HUMILDE EN EL CONTRAATAQUE

MODESTO NO FUE HUMILDE EN EL CONTRAATAQUE

No tuvo otra opción. En febrero de 1937 Madrid llevaba dos meses en estado de sitio. La cercada capital resistía precariamente en los frentes serranos de Somosierra y Guadarrama. En otros sectores el avance fascista había perdido empuje ante la tenaz defensa republicana en pueblos que actualmente son barrios capitalinos. Campamento y Carabanchel fueron las primeras piedras que encontraron en su avance a campo abierto. Después, el camino de los facciosos desembocó en las calles y callejones de los suburbios extramuros del río Manzanares. Barriadas obreras como Lucero, Caraque, Usera y otros asentamientos periurbanos, se convirtieron en las siguientes defensas de una capital que se fortificaba apresuradamente.

Juan Modesto Guilloto estaba al tanto de la difícil situación por la que atravesaba la urbe. Las tropas rebeldes prácticamente rodeaban la capital, intentando asfixiarla. Sólo un sector de la periferia seguía en manos gubernamentales: un vital pasillo que unía a la capital con el litoral mediterráneo.

Un territorio republicano codiciado por la fuerzas rebeldes, que asaltaron este sector el 6 de febrero, iniciando los combates que se conocen como la BATALLA DEL JARAMA. El objetivo de la ofensiva era aislar Madrid cortando la carretera de Valencia, la única vía nacional que comunicaba la ciudad con el resto de la zona leal.

El primer movimiento consistió en conquistar las cotas altas, las alturas de las mesetas de cantiles escarpados que se elevan entre los valles de los ríos Manzanares y Jarama. Ocuparon los cerros de la Marañosa, el poblado y la fábrica de armamento. Tomaron también el Vértice Coverteras (cota 647) y el Espolón de Vaciamadrid; este último de gran importancia estratégica, al utilizarse como observatorio sobre la carretera de Valencia y tener a tiro de fusil el puente de Arganda.

La zona ocupada formaba parte del ala izquierda del ataque rebelde y sus defensores se fortificaron en el terreno, mientras a su derecha otras fuerzas sublevadas cruzaban el río Jarama con intención de ampliar el cerco que pretendía estrangular Madrid.

Ante el rápido y peligroso avance, la defensa madrileña se apresuró a taponar la herida destinando fuerzas a este área, consciente de que su pérdida dejaría la ciudad aislada. Se ordenó a las fuerzas de Modesto y Líster avanzar desde el valle del Manzanares y contraatacar en el sector del dispositivo de la Marañosa, en el Vértice Corbeteras y en el Espolón. Su objetivo: reconquistar las alturas del flanco izquierdo rebelde.

La lucha fue cruel y desigual. Subiendo por las laderas, oleadas de soldados de la República serían barridos por las ametralladoras apostadas en las alturas que los fascistas tomaron en el inicio de la batalla.

Los combates fueron muy intensos, cambiando los objetivos varias veces de manos. Tras la batalla, la totalidad del valle del Manzanares y algún pequeño vértice se encontraban en manos republicanas. Por el contrario, las alturas más dominantes permanecieron del lado del ejército sublevado.

Décadas después, montes y valles conservan todavía profundas trincheras y fortines escondidos entre pinares de repoblación. En los siguientes vídeos exploraremos las huellas de los combates que aparecen en estos antiguos campos de muerte.

SALUD y cerros.

Aquí los vídeos:

ESPOLÓN DE VACIAMADRID 01 VÉRTICE COBERTERAS
http://youtu.be/_tiOn20e3ak

ESPOLÓN DE VACIAMADRID 02 TRINCHERAS EN LA LADERA
http://youtu.be/xNqgIWSQk8E

ESPOLÓN de VACIAMADRID 03 LA LABRADURA
http://youtu.be/mAVI1LzbynU

CAZAFORTINES – A PIEDRA SECA

A PIEDRA SECA

Los Castillejos es un paraje elevado situado a 3 Km. de la localidad de Abánades (Guadalajara). No sabemos si el topónimo hace referencia a una perdida fortaleza árabe edificada en tiempos remotos. Una atalaya vigilante sobre los ondulados campos de este territorio, que fue marca fronteriza entre musulmanes y cristianos.

Ningún rastro de tal emplazamiento aparece en el paisaje actual. Sus ruinas yacerán en algún lugar cercano, sepultadas bajo siglos de historia; aplastadas por capas de olvido las torres y muretes que protegieron a tropas y centinelas.

 No ocurre así con otras ruinas, de cosecha contemporánea, ubicadas en la misma elevación del terreno: restos de la Guerra Civil, huellas de la ocupación de este sector por el Ejército Popular.

De no fácil localización y acceso mediante sendas caprichosas que se prolongan entre montes de carrasca, estos vestigios olvidados permanecen en el escabroso terreno de la ladera de un cerro.

Su emplazamiento obedece a la lógica militar de construir posiciones en puntos elevados, poco accesibles, que permitan la visualizacion y control de anchos territorios. La elevación está fortificada por una serie de elementos (puestos de tirador y parapetos) distribuidos estratégicamente y semi-ocultos por la vegetación.

Varias líneas de trincheras suben por la pendiente. La excelente técnica de sus constructores se manifiesta en los trazos profundos y bien trabajados en el duro suelo. Las paredes fueron reforzadas con las piedras disponibles en el propio entorno, adaptando los lienzos al relieve. Para ello se utilizó un tipo de construcción tradicional que se denomina PIEDRA EN SECO o PIEDRA SECA.

Las muros de piedra seca se construyen únicamente con piedras, sin argamasa, sin cementos. Aparejando la piedra, labrada o no, a base de mazo y cincel. El pegamento es la gravedad. Los muros de piedra seca son un referente de la arquitectura rural.

En general se conservan en buen estado las estructuras de esta posición defensiva, que estuvo guarnecida por efectivos de la 50 BRIGADA MIXTA, encuadrada dentro de la 12ª División del IV CUERPO DE EJÉRCITO republicano. Hacía frente a las tropas nacionales acantonadas en el cerro que se eleva tras la población de Abánades (posición Cerro El Castillo), ocupado por la II Brigada de la División Soria del Ejército Nacional.

 

Dos cortos vídeos hemos grabado en este peculiar paraje. En el segundo de ellos aparece una pequeña gruta, cuya entrada fue fortificada en su día con un parapeto de piedra (ahora en fase de derrumbe). Los enlaces son:

 

ABÁNADES 08  LOS CASTILLEJOS  TRINCHERAS

http://youtu.be/oruCVFpYa5M

ABÁNADES 08 LOS CASTILLEJOS TRINCHERAS

ABÁNADES 09  LOS CASTILLEJOS  GRUTA

http://youtu.be/_S9K-zV6BaI

ABÁNADES 09 LOS CASTILLEJOS GRUTA

 

 

SALUD y piedras

CAZAFORTINES – ABÁNADES

En ABÁNADES,

los soldados también mataban …el TEDIO

Finalizada la Ofensiva del Alto Tajuña (1938), el sector de Abánades quedó en calma, rodeado por el silencio de la muerte esparcida en los campos, envuelto en el olor sofocante de los cadáveres sin sepultura y del humo señalando los caserios en brasas.

Los cruentos combates dieron paso a la guerra de trincheras, con los ejércitos combatientes manteniendo líneas estáticas de fortificaciones enfrentadas al enemigo. Comenzó una etapa en la que el frente se estancó durante meses, porque ningún bando era capaz de avanzar sin pagar el tributo de un considerable número de bajas. Y así continuó hasta el final de la contienda.

En esta larga guerra de posiciones fijas, los soldados pasaron largas horas de tensa espera, viviendo interminables jornadas enterrados en sus trincheras. Ocupar la mente se convirtió en una necesidad, una forma de conjurar esa mezcla de inseguridad, tensión y aburrimiento que vivían.

Para estos combatientes, se trataba de mantenerse entretenidos con lo que tuvieran más a mano.

Uno de ellos, encuadrado en un Batallón de Fortificaciones republicano (encargado de reforzar la línea de posiciones defensivas), aportó imaginación y habilidad para esculpir en la roca un recuerdo de su unidad y rendir homenaje a los compañeros caídos.

En la pared rocosa -que tal vez estuvo rodeada de un sistema de atrincheramiento del que no quedan restos- sobrevive su obra, una muestra de lo que se denomina “Arte de Trinchera” (Trench Art). Lo veremos en este vídeo de la serie ABÁNADES:

ABÁNADES 07  ARTE DE TRINCHERA

http://youtu.be/Sfe7PsGhYbM

Además, en el CANAL DE CAZAFORTINES tenéis más vídeos donde aparece una modalidad de la artesanía de las trincheras: el GRAFFITI. Es otro tipo de arte bélico que hemos visto, rodado y fotografiado, en nuestras rutas por los frentes de batalla. Estos son los enlaces:

– En la Batalla del Ebro
22 LINEA ALGARS 03 • FORT DE MILET
http://youtu.be/Bjl2COCyL7Q

– En la Batalla del Jarama
TITULCIA 01 Fortín republicano
http://youtu.be/lqzM5g_OheA

y este último de un canal “hermano”
BATALLA DEL JARAMA 02 TAJAR 2011
http://youtu.be/OYjL5qErW1k

Volveremos con más vídeos de Abánades y la Batalla del Alto Tajuña en breve. Mientras tanto,
que disfrutéis.

SALUD Y CINCEL

LOS CAZAFORTINES – informan de nuevo

 

Las FLORES DE MAL

crecen en los campos

Algunas de las bombas de la Guerra Civil española son septuagenarias y se encuentran en las vitrinas de los museos. Otras siguen cumpliendo años en los frentes donde lucharon republicanos y franquistas. Son las bombas olvidadas, los proyectiles y granadas que no llegaron a estallar y que nadie se ocupó de recoger.

 

Los fenómenos climáticos (heladas y fuertes lluvias) y la erosión del suelo, contribuyen a revelar la situación de este material de guerra abandonado. Los terrenos fértiles en bombas latentes continúan expulsando a la superficie estas amenazas de metal, estas rémoras del conflicto armado.

 

Casi ocho décadas después del término de la contienda, las explosiones de la munición olvidada siguen oyéndose en los campos. Y millares de artefactos no han estallado aún, manteniendo su poder explosivo y siendo un peligro en potencia.

 

En Abánades también aparecen estas FLORES DEL MAL. Durante la OFENSIVA DEL ALTO TAJUÑA (primavera de 1938) miles de proyectiles de todo tipo se lanzaron sobre su término municipal, sembrando campos y montes con muerte y metralla.

 

En el curso de los combates las tropas franquistas en retirada se hicieron fuertes en varias parideras, construcciones agropecuarias para el guardar el ganado. En una de ellas, llamada la Enebrá Socarrá o La Enebrada, se libró uno de los combates más cruentos de la ofensiva de abril de 1938. Una sección o pelotón de soldados rebeldes (de 15 a 30 hombres) se refugió tras sus muros de piedra, resistiendo un asedio de dos días hasta que fueron finalmente reducidos por los cañones y los tanques de la República.

 

Cerca de la Enebrá Socarrá encontramos un prueba de la lluvia de fuego: una GRANADA de MORTERO VALERO de 50 mm. Prácticamente intacta, espoleta incluida, faltando sólo la cola estabilizadora.

 

Daba miedo mirarla. Al fin y al cabo, cuando una bomba se lanza es para estallar, y puede hacerlo perfectamente años después. Décadas a la intemperie podían haber deteriorado su mecanismo, haciéndola extremadamente sensible. 125 gramos de trilita activada por un cebadorseguían a la espera de cumplir su interrumpido destino cuando procedimos, con prudencia, a señalizar el lugar del hallazgo con piedras, ramas y trozos de plástico; tomando fotos con referencias visuales del terreno circundante y marcando la posición mediante GPS. Terminada la tarea enviamos los datos a la Guardia Civil, que en las zonas rurales se encargan de proceder a la detonación controlada de estos artefactos.

 

Así que ya sabéis, si os encontráis con un objeto de este tipo, o similar, EVITAD MANIPULARLO. Señalizadlo sobre el terreno si es posible y dad AVISO, pudiéndolo hacer -además de internet- a través del teléfono de URGENCIAS 062.

 

SALUD y petardos.

 

 

Aquí los links a los youtubes:

 

ABÁNADES 05. ENEBRÁ SOCARRÁ

http://youtu.be/_2b__kf3oYM

 

ABÁNADES 06. LAS FLORES DEL MAL

http://youtu.be/R6gqZu1S5qU

VUELVEN LOS CAZAFORTINES

DURANTE LA CUESTA DE ENERO,

SUBE CON NOSOTROS AL CERRO…

…y al ALTO DE LA CASILLA. O acompáñanos al Vértice Cerro y a la Cota 1140, topónimos militares que recibieron estas elevaciones en la Guerra Civil.

 En el término municipal de Abánades, al noreste de esta localidad guadalajareña, las dos alturas topográficas conservan huellas de la contienda. Largas lineas de trincheras rellenas de cascajo, fortines derruidos y puestos de tirador pasan desapercibidos en un entorno de colinas y pequeños valles cultivados.

 Los vestigios se encuentran enterrados o enmascarados por la vegetacion. La maleza los oculta. Y el arbolado engaña: era menos denso en los años 30 del pasado siglo. Los restos de los combates forman ahora parte de un paisaje que no corresponde al tiempo de la guerra.

 Solo siguen igual las construcciones agropecuarias, las parideras, los corrales de ovejas, los caminos que unían pueblos y gentes. Lugares que también fueron escenarios bélicos.

 Mostraremos en DOS VÍDEOS estas estratégicas alturas arrebatadas a los franquistas al comienzo de la OFENSIVA DEL ALTO TAJUÑA (30 de marzo – 16 de abril de 1938), el ataque republicano en un sector del frente establecido el año anterior al finalizar la BATALLA DE GUADALAJARA.

 El objetivo era atraer y fijar el mayor número posible de fuerzas enemigas, que en aquel momento maniobraban contra las líneas republicanas en Aragón. El plan consistía en un avance nocturno de la infantería entre los espacios sin fortificar del enemigo, atacando sus posiciones por la retaguardia. Frente a ellos se encontraban los efectivos de la 75 División franquista.

 El sector que recorreremos fue ocupado, tras cruentos combates, por las 2ª y 39 Brigadas Mixtas de la 5ª División del Ejército del Centro. Exhaustas tras la lucha, serían relevadas los días 5 y 6 de abril por la 138 Brigada Mixta de la 33 División, encuadrada en el IV Cuerpo de Ejército al mando del anarquista CIPRIANO MERA.

 Frente a ellos se encuentran la I Bandera del Tercio, el III Batallón de Arapiles, y el III Tabor de Regulares de Alhucemas, fuerzas de choque que el bando sublevado lanza al ataque en una contraofensiva para recuperar el terreno perdido.

 Días de durísimos combates esperan a los defensores del Alto de la Casilla y Vértice Cerro. Hostigados por la artillería y la aviación enemiga, estas tropas resistirán con coraje los continuos contraataques franquistas a sus antiguas posiciones, ahora convertidas en 1º línea de defensa republicana, afianzándose en el terreno y fortificando las estratégicas cotas, que mantuvieron hasta el FINAL DE LA GUERRA.

 SETENTA Y CINCO AÑOS después de los combates visitamos este paraje solitario en el que duermen las trincheras de la GUERRA CIVIL.

 SALUD y campo.

 Pincha en el LINK para ver el primer vídeo:

ABÁNADES 03. ALTO DE LA CASILLA – Cota 1140

http://youtu.be/ptqiEOPfd6M

 Pincha en el LINK para ver el segundo vídeo:

ABÁNADES 04. VÉRTICE CERRO – Fortín republicano

http://youtu.be/mwqwy4xARHo


En la PRÓXIMA ENTREGA nos topamos con un proyectil de mortero intacto, un peligroso vestigio de la Guerra Civil. Os lo contaremos dentro de unos días…